Sunday, June 3, 2007

Recordando a Jomi...y a Carmen Miracle

"Gabo" y "Jomí": Apuntes sobre una amistad
Rafael Vargas
Jomí García Ascot, poeta, editor, ensayista, cineasta, crítico de arte, novelista, melómano, fue uno de los primeros y más queridos amigos de Gabriel García Márquez en México. Fundador del primer cineclub que existió en nuestro país, también dio pasos señeros en otros ámbitos, como lo demuestra Con la música por dentro, una de los primeras obras de apreciación musical publicadas entre nosotros. Cultivó, además, la amistad que cultivó con García Márquez, quien le dedicó Cien años de soledad.

En una entrevista realizada en febrero de 1976 para la Revista de la Universidad de México, Armando Pereira y Guillermo Sheridan le preguntaron a Gabriel García Márquez qué recordaba de su primera llegada a nuestro país. Él respondió:



–Recuerdo sobre todo lo difícil que era conseguir los pesos. Tuve que trabajar mucho, en muchas cosas. Yo llegué a México en 1961, a la estación de Buenavista, con Mercedes y con Rodrigo, que tenía un año de edad, y 20 dólares.

–Pero muchos amigos en el directorio…

–Muy pocos, uno o dos, pero rápidamente los tuve y he dicho, y lo vuelvo a decir, que México es uno de los pocos países del mundo a donde me atrevería a llegar solamente con una ficha de teléfono para empezar otra vez desde el principio –siempre y cuando no me equivocara de número.”(1)



En efecto, muy poco tiempo después de su llegada, García Márquez forma parte –gracias a Álvaro Mutis, primero, y a Carlos Fuentes, después– de un amplio círculo de amigos que incluía a muchos de los más importantes escritores y artistas de México –José Miguel García Ascot entre ellos.

En realidad, a José Miguel (al que todos sus amigos llamaban Jomí, fundiendo las primeras sílabas de sus dos nombres y pronunciando la jota a la francesa) lo había conocido un año antes, durante un corto viaje a México desde Cuba, donde García Márquez trabajaba como corresponsal de Prensa Latina. García Márquez había venido a México para encontrarse con Álvaro Mutis, y éste le presentó a Jomí, un joven poeta de 33 años de edad (la misma de García Márquez) llegado a México en 1939 a causa de la guerra civil española, por quien sentía un hondo afecto desde hacía años –hay referencias a esa amistad en las Cartas de Álvaro Mutis a Elena Poniatowska. (2)

De hecho, García Márquez y García Ascot se hubieran podido conocer incluso un poco antes, pues durante algunos meses ambos coincidieron en Cuba. Mientras el primero ejercía su corresponsalía, García Ascot y su esposa, María Luisa Elío, eran huéspedes del gobierno cubano, que había invitado a Jomí para realizar algunos episodios de la serie cinematográfica Historias de la revolución. (3) Pero en ese momento no había en la isla ningún amigo que los vinculara.

Un año después, cuando García Márquez llega a México con miras a una residencia prolongada, Jomí ha comenzado a rodar En el balcón vacío, largometraje de 70 minutos basado en el cuento homónimo que María Luisa Elío escribió precisamente durante su estancia en Cuba. El rodaje se realizó durante los fines de semana del segundo semestre de 1961 y comienzos de 1962, y solían asistir a observarlo Mutis, Fuentes, Salvador Elizondo, Juan García Ponce, Emilio García Riera (coautor del guión) y otros más, incluido el propio García Márquez. Ése fue su primer contacto con el medio cinematográfico mexicano, como lo ha documentado Eduardo García Aguilar, (4) otro narrador colombiano que vivió una larga temporada, entre nosotros, como corresponsal de France Press.

García Márquez había demostrado siempre interés por el cine, ya fuera como cinéfilo, como crítico, o como aspirante a director –algo que lo llevó a estudiar entre 1952 y 1955 en el Centro Sperimentale di Cinematografia de Roma–, de manera que su relación con Jomí prosperó con facilidad. Junto con el cine, ambos compartían una gran pasión por la literatura y por la música, y Jomí era un hombre simpático y generoso, consciente de lo que significaba vivir en el exilio y el desarraigo, y seguramente debe haber sido un cordial Cicerón en México para su amigo colombiano.

En 1961, Jomí García Ascot (nacido en Túnez en 1927, donde su padre desempeñaba un cargo diplomático, y nacionalizado mexicano al poco de su llegada) tenía ya un claro sitio en el ámbito cultural mexicano. En 1948 funda y dirige la revista Presencia, en la que escriben jóvenes españoles transterrados como él. En 1949, por iniciativa suya, funda con José Luis González de León y Jean-François Ricard (quien se convertirá, años más tarde, en Jean-François Revel) el Cine Club de México, con sede en el Instituto Francés para América Latina (IFAL). Es el primer espacio que se dedica en México al análisis cinematográfico… Durante los años cincuenta dirige numerosos cortometrajes y documentales para noticiarios o revistas cinematográficas, como Cine Verdad, Telerrevista y Cámara, que en aquella época se proyectaban en las salas de cine antes de la función principal. En 1952 publica un notable ensayo, Baudelaire, poeta existencial, escrito para obtener su licenciatura en filosofía, que lo revela como un lector perspicaz de poesía. Y justo en 1961 funda, con José de la Colina, Salvador Elizondo, Emilio García Riera, Gabriel Ramírez y Luis Vicens, Nuevo Cine, una revista que se propone, a la manera de los Cahiers du Cinéma, de cuyo seno surgen los directores de la Nouvelle Vague (Godard, Rivière, Truffaut), promover un nuevo tipo de cine en México. En el balcón vacío es la obra fílmica que representará al grupo.

De la mano de Jomí, Mutis y Fuentes, García Márquez comienza a relacionarse con el medio cinematográfico. Trata a Luis Alcoriza, Manuel Barbachano Ponce, Arturo Ripstein y muchos otros. Pero para mantener a la familia acepta dirigir dos revistas de Gustavo Alatriste: La Familia y Sucesos Para Todos. El empresario nunca le paga oportunamente y García Márquez renuncia. Acude al mundo de la publicidad. Jomí, quien trabaja para la agencia Noble y Asociados, lo presenta con sus colegas de Walter Thompson. Añaden así otro rasgo común a sus vidas, acuñando lemas y desarrollando campañas publicitarias. Es un trabajo en el que el sentido del humor juega un papel importante. Jomí forja el lema para SABENA (Société Anonyme Belge d'Exploitation de la Navigation Aérienne), la primera línea aérea de Bélgica. La radio lo transmite durante varios días: “SABENA, la línea aérea más belga”. Alguien se percata del albur y la campaña es retirada del aire. García Márquez, por su parte, es autor –según indagaciones del escritor yucateco Carlos Peniche Ponce– de la campaña para una empresa nacional, en cuyos anuncios un ama de casa desespera por no saber qué marca de atún debe elegir. Una voz masculina la tranquiliza a la vez que le da la respuesta: “Calmex, señora, Calmex.”

Cuando García Márquez abandona la publicidad en 1964 para dedicarse a escribir guiones de cine, la amistad entre los dos hombres está más que cimentada: se ha vuelto fraternal y se ha extendido a las familias de ambos.

De manera que en el momento en que García Márquez decide concentrarse para redactar Cien años de soledad y los aprietos económicos fustigan a la familia, la ayuda que los amigos les brindan –muy especialmente los Mutis y los García Ascot, como se sabe– es la simple y sencilla consecuencia de un afecto mutuo y creciente. Nadie parece haber estado más cerca de los García Márquez entonces que estas dos parejas que varias veces por semana pasan a la casa de La Loma 29, en San Ángel Inn, para ver cómo va la novela y, también, cómo va la familia. Así que es apenas natural que Cien años de soledad esté dedicada a Jomí García Ascot y María Luisa Elío –quien ha contado lo sucedido con más detalle– y que la versión francesa que apareció poco tiempo después le sea ofrendada a Álvaro Mutis y Carmen Miracle.

Tres años después de la aparición de la novela de García Márquez, García Ascot corresponderá el gesto de su amigo dedicando, a su vez, un poema a la pareja que se ha ido a vivir a Barcelona. Es un poema incluido en el libro Haber estado allí, editado por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, en marzo de 1970, cuando Jomí era profesor huésped de la Facultad de Arquitectura de esa institución privada.(5)

VIAJE



A Gabo y Mercedes

Escucho todavía el tren que me ha traído

a través de la noche

hasta esta noche.

Estoy a tantos años de mi hogar

a tantos años de la luz

a tantos años de tanta esperanza

hecha pedazos

y sólo escucho el silbato

tan alto por la noche, tan lejos por la noche.

¡Oh, tanto y tan largo viaje para sólo viajar lejos de casa,

tanto y tan largo viaje para sólo alejarse,

para sólo exiliarse de uno mismo!

Y llevar tanto bulto de recuerdo y de olvido,

tantos años de vida entre estaciones,

tanta inútil nostalgia y no llegar aún

donde poder bajar

–quizás sólo a estirar las piernas

a beber agua, a fumarse un cigarro–

para poder dejar en este tren un rato

tanto cansancio de tanto y tan largo viaje que no acaba.



Ahora que García Márquez ha vuelto en tren a su natal Aracataca tal vez también haya pensado en cosas parecidas a éstas.



P. S. La mayor parte de los libros de Jomí García Ascot se ha agotado. Es indispensable reeditarlos. Por fortuna, a pesar de ello siempre encuentra lectores, en México o en otra parte. El próximo lunes 11 de junio, Caroline Lepage, especialista francesa en literatura hispanoamericana de la Universidad Michel de Montaigne, en Burdeos, disertará sobre “La circulación de los modelos de la novela negra en tres países de lengua española: Pasado perfecto de Leonardo Padura Fuentes (Cuba), La muerte empieza en Polanco de Jomí García Ascot (México) y Beltenebros de Antonio Muñoz Molina (España)”. ?



(1) Guillermo Sheridan y Armando Pereira, García Márquez en México (entrevista), Revista de la Universidad de México, Vol. XXX, número 6, páginas centrales, sin numeración.

(2) Cf. la página 100 de Elena Poniatowska, Cartas de Álvaro Mutis a Elena Poniatowska, Alfaguara, México, 1998, p. 164.

(3) Rueda dos: Un día de trabajo y Los novios. Su filmografía se complementa con En el balcón vacío (1962), un destacado documental sobre la pintora Remedios Varo (1966), y el largometraje de ficción El viaje (1976).

(4) Eduardo García Aguilar, García Márquez: la tentación cinematográfica, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1985, 123. pp.

(5) Cinco años después Jomí volvió a dedicarles un poema “A Gabriel García Márquez y Mercedes”. Se trata de Uno se ha acostumbrado…”, incluido en el libro Un modo de decir, editado por la UNAM, en la colección Poemas y Ensayos, 1975.

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